La
“arquitectura” es una palabra difícil de definir, sin embargo, vivir la arquitectura es una experiencia
muy diferente; es un arte lleno de emociones, tanto buenas como malas, pero si
se vive con intensidad se puede llegar a comprender el entorno y abrir la mente
para darse cuenta de que hay muchas más opciones de las que están fácilmente
visibles día con día.
Sabemos
que ésta funciona como el espacio tangible, que se crea, con paredes, ventanas,
zonas verdes, etcétera, sin embargo, va más allá de eso, involucra los espacios
físicos intangibles también. Es sumamente versátil y tiene un poder increíble
tanto como para crear como para destruir. Por lo tanto, una intervención
arquitectónica, contrario a lo que se piensa a veces, tiene un impacto; éste es
muy subjetivo y varía tanto entre personas como en comunidades. Es por eso que
tenemos, desde ya, como estudiantes, la obligación de ser críticos y analíticos
para poder comprender las necesidades de una determinada población. En los
últimos días me he dado cuenta de que no siempre lo que pensamos que ocupamos,
es lo que ocupamos, por lo tanto, debemos ir más allá y verdaderamente
descubrir cuáles son las deficiencias.
Al
observar comprendemos los espacios y así por ende, podemos generar opciones que
sí se adapten a cada lugar; funciona como una cadena, al cumplir con lo que
debemos nos aseguramos de que influiremos en el confort y la salud de los
usuarios. No es necesaria una estructura enorme y vistosa para demostrar que
sabemos hacer las cosas, muchas veces la síntesis y cosas simples son las que muestran la capacidad y compromiso de las obras. La salud también está en nuestras manos,
demostrar que las opciones sostenibles son muchísimas -y no tan complicadas si
verdaderamente, repito, comprendemos el entorno en el que trabajamos- y más
accesibles de lo que muchas veces se cree; además, el hecho de involucrarse en
la creación de espacios sostenibles nos lleva a desestresarnos y estar más en
contacto con otras personas, lo cual sigue siendo un beneficio a la salud tanto
física como mental. Proporcionar las opciones útiles que hagan que las personas
cambien el cassette es un trabajo
duro pero realmente productivo al aplicarse y las ciudades que lo han logrado
pueden disfrutar de beneficios notorios.





