La
“arquitectura” es una palabra difícil de definir, sin embargo, vivir la arquitectura es una experiencia
muy diferente; es un arte lleno de emociones, tanto buenas como malas, pero si
se vive con intensidad se puede llegar a comprender el entorno y abrir la mente
para darse cuenta de que hay muchas más opciones de las que están fácilmente
visibles día con día.
Sabemos
que ésta funciona como el espacio tangible, que se crea, con paredes, ventanas,
zonas verdes, etcétera, sin embargo, va más allá de eso, involucra los espacios
físicos intangibles también. Es sumamente versátil y tiene un poder increíble
tanto como para crear como para destruir. Por lo tanto, una intervención
arquitectónica, contrario a lo que se piensa a veces, tiene un impacto; éste es
muy subjetivo y varía tanto entre personas como en comunidades. Es por eso que
tenemos, desde ya, como estudiantes, la obligación de ser críticos y analíticos
para poder comprender las necesidades de una determinada población. En los
últimos días me he dado cuenta de que no siempre lo que pensamos que ocupamos,
es lo que ocupamos, por lo tanto, debemos ir más allá y verdaderamente
descubrir cuáles son las deficiencias.
Al
observar comprendemos los espacios y así por ende, podemos generar opciones que
sí se adapten a cada lugar; funciona como una cadena, al cumplir con lo que
debemos nos aseguramos de que influiremos en el confort y la salud de los
usuarios. No es necesaria una estructura enorme y vistosa para demostrar que
sabemos hacer las cosas, muchas veces la síntesis y cosas simples son las que muestran la capacidad y compromiso de las obras. La salud también está en nuestras manos,
demostrar que las opciones sostenibles son muchísimas -y no tan complicadas si
verdaderamente, repito, comprendemos el entorno en el que trabajamos- y más
accesibles de lo que muchas veces se cree; además, el hecho de involucrarse en
la creación de espacios sostenibles nos lleva a desestresarnos y estar más en
contacto con otras personas, lo cual sigue siendo un beneficio a la salud tanto
física como mental. Proporcionar las opciones útiles que hagan que las personas
cambien el cassette es un trabajo
duro pero realmente productivo al aplicarse y las ciudades que lo han logrado
pueden disfrutar de beneficios notorios.
Fernanda, disfruté mucho de tu publicación. Me parece que abordas temas súper importantes como la contextualización de la arquitectura, la humanización, y dejar de lado el ego del arquitecto, para que la arquitectura sea un medio y no un fin en sí mismo. Te pregunto ¿Cómo puedes, desde ya como estudiante, mujer y ciudadana, generar conciencia sobre lo que aquí escribes? y ¿Cómo una casa puede enfermar, por ejemplo a una familia? y si la enferma ¿Cuál es la responsabilidad del arquitecto para con ésta?
ResponderEliminarPara generar conciencia lo necesario es dar el ejemplo y ser humilde para poder entender que nuestro trabajo depende de mucho más que nosotros, somos sólo un medio para lograr las cosas, pero es necesaria la colaboración de los usuarios para poder hacer trabajos realmente útiles. Muchas veces las cosas pequeñas son las más valiosas; por ejemplo, soy amante de la luz y el color de forma balanceada en cualquier espacio y éstas son cosas que no sólo un arquitect@, o en mi caso, estudiante de arquitectura puede hacer, basta con la curiosidad de una persona, por lo tanto, deberíamos regalarle a las demás personas la oportunidad de hacer arquitectura, de dejar de verlo como una profesión y una cosa que es totalmente ajena a ell@s, sino que puedan ser partícipes de los procesos. De las cosas más importantes que aprendí en el TAU es que para un espacio agradable, se necesita un ambiente agradable, en ese taller, el trabajo de muchas personas fue el que generó el resultado y de ahí se van dando como ondas más intervenciones. Al extenderle a esas personas la inquietud y medios para lograr espacios diferentes a partir de "basura" y espacios "muertos", se pudo cambiar el papel inicial de los elementos; es decir, entre todos hicimos arquitectura, que más allá de ser bonita o fea, fue útil y ayudó a unir a dos comunidades con riñas y a ver gente agradecida. Creo que de eso se trata y es lo que quiero hacer, hacer que las personas dejen de ver la arquitectura como un lujo, sino como un medio para (re)ordenar, por así decirlo, espacios y que está al alcance de todos. Ahí mismo se contesta la pregunta de cómo una casa enferma a una familia, sólo que me parece que va más allá de una casa, una ciudad puede hacerlo si somos superficiales y creamos por crear, el entorno en el que nos desarrollamos influye visiblemente en nuestra vida. Si tenemos espacios muertos nos acostumbramos a espacio feos, en cambio, lugares agradables, amplios y al mismo tiempo acogedores son los que nos hacen sentir mejor. Nuestra responsabilidad es la de crear espacios versátiles, que puedan variar con el tiempo y hagan que las personas encuentren cada vez algo diferente que llame la atención y que no habían visto antes, mantener(nos) motivados y en esto lo ostentoso me parece que no tiene un lugar, entre más simple sea, más impacto va a tener si lo podemos lograr.
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